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Full text of "El príncipe que todo lo aprendió en los libros : comedia en dos actos y siete cuadros"

JACINTO BENAVENTE 

Premio Nobel de Literatura de 1922. 

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EL PRÍNCIPE QUE TODO 

LO APRENDIÓ EN LOS LÍOS 

COMEDIA EN D05 ACTOS ? 5IETE CUADROS 

Estrenada en el Teatro Príncipe Alfonso el día 20 de diciembre de 1909. 



TERCERA EDICIÓN 



f x- 

Printed in Spain. 



MADRID 

LIBRERÍA Y CASA EDITORIAL HERNANDO (S. A.) 

(Fundada en 1828.) 

Calle del Arenal, núm. 11. 

1928 



J. 



EL PRINCIPE QUE TODO LO APRENDIÓ EN LOS LIBROS 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni eu los países con los cuales se hayan cele- 
brado, o se celebren en adelante, Tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder o negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvége et la Hollando. 



Queda becho el depósito que marca la ley. 



Copyright, 1928, by Jacinto Benavente. 



JACINTO BENAVENTE 

Premio Nobel de Literatura de 1922. 



PRINCIPE QUE TODO 

LO APRENDIÓ EN LOS LIBROS 



COMEDIA EN DOS HCT05 ? SIETE CUADROS 



enada en el Teatro Príncipe Alfonso el día 20 de diciembre de 1909, 



TERCERA EDICIÓN 



Printed in Spain. 



MADRID 

LIBRERÍA Y CASA EDITORIAL HERNANDO (S. A.) 

(Fundada en 1828.) 

Calle del Arenal, núm. 11. 

1928 



t 



Madbid. — Imp. de Librería y Casa Editorial Hernando (S. A.). Quintana, 31 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 



L REY Sr. Llirí. 

A REINA Sra. Molíns. 

L PRÍNCIPE AZUL Srta. Rodríguez. 

ONINO Sr. Porredón. 

L PRECEPTOR — Venegas. 

■L REY CHUCHURUMBÉ. — Portillo. 

I Srta«. Xifrá. 

AS TRES HIJAS DEL REY ) — Jiménez. 

/ — Mateos. 

A VIEJA Sra. Torres. 

L OGRO Sr. Sánchez. 

■A BELLA Sra. Tejada. 

EÑADOR 1.°. . . Sr. Alverá. 

EÑADOR 2.° — Portillo. 



títulos de los cuadros 



l.o La despedida del Principe. — 2.° Los dos caminos. —3.° La 
sabana de la Vieja. — 4.° La casa del Ogro. —5.° El palacio del Rey 
Jhuchurumbé. — 6.° La boda del Príncipe. — 7.° Apoteosis final. 



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ACTO PRIMERO 



CUADRO PRIMERO 

Un palacio. 

ESCENA I 

El REY y la REINA. 

¡y. No llores más. La felicidad de nuestro reino 

exige el sacrificio. El Príncipe sabe todo lo que 
pueden enseñar los libros y los maestros; pero 
es preciso que conozca el mundo. 

Reina. ¿Crees que vale la pena de conocerlo? ¡Bueno 
está el mundo! Exponer a sus riesgos y maldades 
al hijo mío, tan hermoso, tan inocente... 

Rey. Bueno sería, si la vida pudiera detenerse, si por 

ley natural no hubiéramos de faltarle cuando 
aun será muy joven. El cariño de los padres pue- 
de levantar murallas que defiendan a los hijos 
de la maldad y tristezas del mundo; puede fingir- 
les un mundo de ilusiones, que no es el verdade- 
ro... Pero al morir nosotros, cuando deba reinar 
él solo sobre millones de subditos de toda con- 
dición; cuando nadie esté a su lado para quererle 
con desinterés, para aconsejarle sin malicia, para 
advertirle sin engaños... 



. — 8 — 

Reina. - ¿Y para qué han servido entonces tantos maes- 
tros? 

Rey. Para que nuestro hijo se canse de ellos y preñe 

ra a sus lecciones fastidiosas leer cuentos de 
hadas y encantadores. ¿Te parece poco? 

Reina. ¿Y eso te agrada? ¿No hubiera sido mejor orden 
primero las mentiras de los cuentos, después las 
verdades de la Ciencia? 

Rey. Nunca. Es mejor orden asentar primero el te 

rreno firme y sobre él esparcir la menuda arena 
en que puedan florecer los rosales, que no dejar 
caer sobre las flores las duras piedras del terreno 
firme. Edifiquemos nuestra vida como gótica ca- 
tedral : bien cimentada abajo, como fortaleza; 
pero en lo alto, festones florecidos, claros de vi 
drios multicolores; aligerar la mole, toda de pie 
dra, como si más que afirmada en la tierra pa 
reciera suspendida del cielo. 

Reina. Bien está. Pero no comprendo lo que el viaje de 
nuestro hijo pueda significar en todo eso. 

Rey. Significa el puente que hemos de tender entre 

la verdad y la ilusión. Ese puente es la vida, que 
va de una a otra y las une y las confunde de tal 
modo que forma de ellas toda la realidad. 



ESCENA II 

Dichos, el PRÍNCIPE, el PRECEPTOR y TONINO. 

Reina. ¡Hijo mío! 

Príncipe. Vengo a pediros vuestra bendición. 

Reina. ¡Qué crueldad, qué crueldad! 

Rey. Vamos... Eres reina antes que madre... Abrazac 

a vuestro hijo y no hagáis flaquear su valor. 
Príncipe. Madre y señora mía... Voy muy contento... Me 

acompañan fieles servidores... Mi Preceptor y m 

buen Tonino... 



Rey. 



Reina. 

Precept. 

Tonino. 

Reina. 



Reina. Habrás dispuesto el equipaje, sin olvidar nada" 

Rey. ¿Qué llevas ahí? 

Precept. Libros para el estudio. 

Tonino. Yo buenas provisiones, que es lo que importa. 

Reina. ¡Hijo mío! Yo só que el Rey quiere que viajes sin 
aparato alguno, porque el tesoro real no está 
para despilfarros; pero tu madre ha sabido aho- 
rrar para ti estos doblones... Fueron un regalo 
del Rey para un manto de armiño; el que tengo 
está muy apolillado, pero hasta tu regreso no he 
de vestirme más que de jerga y bayetas. 
Eso es; para que los sastres y modistas se hagan 
republicanos... Te comprarás el manto y vestirás 
como conviene al decoro regio. 
Vosotros, mis buenos servidores, cuidad a vues- 
tro Príncipe- 
Volverá hecho un sabio. 
Os le traeré sano y gordo. 

Eso, eso... Cuidado con lo que comes, sobre todo. 
No le dejes atracarse de mojama, castañas pilon- 
gas, ni pastillas de goma... Ya sabes que el Prín- 
cipe se muere por estas golosinas... Ved que es 
el heredero del reino. 

Vuestro reino tendrá en él un rey sabio y justo. 
¿Lleva mucha ropa blanca? 
De todo, señora. 

¿Las tres docenas de pañuelos que yo le he bor- 
dado? 

Sí, madre mía... Pero yo no só que los príncipes 
hayan usado nunca más de un pañuelo de finos 
encajes, ni que hayan necesitado ropa blanca... 
Las historias de hadas no dicen nada de eso... 
Los príncipes van por selvas y montes..., caen 
sobre ellos aguaceros deshechos, cruzan ríos y 
lagos, y su ropa no padece deterioro. 

Tonino. ¿Y no alcanza a sus criados esa virtud? Porque 
sentiría estropear este sayo, que es el mejor de 
los dos que tengo. 



Precept. 
Reina. 
Precept. 
Reina. 

Príncipe. 



— 10 — 

Uey. Vaya, apresurad la partida, antes de que llegue 

la noche. 

Principe. Padre y señor... Madre mía... 

Reina. Escribid a diario. 

Precept. ¿Llegarán las cartas? 

Reina. Sí; el Rey ha dado órdenes muy severas para el 
buen servicio del correo. 

Precept. Menos mal. Siempre ganan algo los pueblos con 
los viajes de los príncipes. 

Reina. Adiós, adiós... ¿No habrás olvidado el frasco de 
la magnesia? 

Rey. ¡Oh! Las mujeres... Nunca saben dar a una situa- 

ción la solemnidad conveniente. 

Precept. Señor, ¿hay nada más solemne que estos vulga- 
res cuidados de las madres?... 

Todos. Adiós, adiós, adiós... 

MUTACIÓN 
CUADRO SEGUNDO 

El campo. Dos caminos : uno, de zarzas y piedras; otro, de flores. 

ESCENA I 

El PRÍNCIPE. TONINO y el PRECEPTOR. 



Príncipe. 



Precept. 



Tonino. 
Precept. 



¿Dónde estamos? Asegurabas que antes de una 
hora estaríamos en poblado... Y ya lo veis... Es- 
tamos perdidos, 

Pero muy perdidos. Yo consulté la Carta geo- 
gráfica del reino..., la última publicada por la 
Real Academia de Ciencias... 
Ya os dije que no íbamos por buen camino. 
¿Pero iba yo a fiarme de ti más que de la Real 
Academia de Ciencias?... 



— 11 



Tonino. Pues debisteis fiaros, que más de cien veces hice 
el camino de día y de noche. 

Precept. Sin saber por dónde ibas. 

Tonino. Pero yo llegaba... Y ahora, ¿quien sabe dónde 
estamos? 

Precept. Aquí se nos ofrecen dos caminos. 

Tonino. Decís uno; que ése no es camino, ni senda, ni 
puede llevarnos a parte alguna. Todo él es male- 
zas y riscos. Por este otro hemos de echar, que, 
según lo cuidado y pulido, ha de serlo de una 
gran ciudad. 

Príncipe. Necio eres. Buena tentación para caer en ella. 
Tú no sabes que en todas las historias los bue- 
nos caminos son los engañosos, los que llevan al 
castillo de algún ogro terrible, que no tarda en 
tragarse a los infelices engañados. En cambio,, 
estos senderos ásperos son los que conducen a 
los jardines y a los palacios de las buenas hadas 
y de los buenos reyes, donde moran las bellas 
princesas que esperan a los príncipes enamo- 
rados. 

Tonino. Será como decís. Pero principio quieren las co- 
cas, y nunca vi que acabara bien lo que mal em- 
pieza; sí es posible que acabe mal lo que empieza 
en bien. Pero en la duda, del lobo un pelo, y 
según la cara los hechos... Y creedme, y echemos 
por esta parte. ¿No oís aquí músicas y cantar de 
pájaros, y de este lado nada : el viento quejum- 
broso y pajarracos de mal agüero?... 

Príncipe. ¡Ah, qué ignorante eres! Éste, éste es el buen ca- 
mino. Así vi siempre representado el de la vir- 
tud..., y como este otro el del vicio... ¿No lo crees 
así, Preceptor? 

Precept. Yo no creo nada, desde que la Real Academia de 
Ciencias me ha engañado... Dejadme consultar 
mis libros. 

Tonino. Aquí llega una hermosa aldeana que podrá in- 
dicarnos el camino. (Sale la Bella.) 



12 



ESCENA II 



Dichos y la BELLA 



Brlla. 

Tonino. 

Bella. 

Tonino. 

Príncipe. 

Bella. 



Tonino. 
Príncipe. 

Tonino. 

Príncipe. 
Bella. 

Tonino. 

Príncipe. 
Bella. 



Príncipe. 

Tonino. 
Precept. 



Buenos días, señores... 

Hermosa joven, ¿sabréis decirnos dónde estamos 
y adonde conducen estos dos caminos? 
Éste diréis, que ése ni es camino ni conduce a 
parte alguna. 
¿Qué os decía yo? 
Guarda, y no confíes. 

¿Sois forasteros en estas tierras? Si necesitáis 
descanso y refrigerio puedo ofreceros mi casa, 
mejor diré, la de mi marido, que está a poca dis- 
tancia. Todas esas tierras que veis desde aquí 
son suyas, como todo el lugar vecino. Se tendrá 
por muy dichoso en recibir y agasajar a señores 
tan principales... 
Somos felices. 

Tente. Que ese marido de que habla, y esos luga- 
res y esa casa, deben de ser de algún ogro terrible. 
No me parece que la mujer tenga nada de ogra... 
Es muy cortés y afable. 
Como todos los ogros. 
Vaya, ¿queréis seguirme? 

Vamos andando. Que las provisiones se agotaron 
y yo tengo un hambre con el paseíto... 
No, yo no voy... Yo iré por este otro camino. 
¡Estáis loco!... Si os sorprende la noche, os asal- 
tarán los lobos o ladrones, y sólo hallaréis una 
miserable cabana en que vive una vieja loca. 
¿Qué te dije? Algún hada buena que se presen- 
ta en figura de vieja, como todas las buenas ha- 
das. Éste, éste es mi camino. 
Señor... No hagáis locuras... Señor Preceptor, 
interponed vuestra autoridad. 
Dejadme, dejadme leer... No es posible que las 



13 — 



Bella. 



Príncipe. 

Bella. 

Tonino. 



Precept. 

Tonino. 

Precept. 



Tonino. 
Precept. 



Tonino. 



Bella, 



Príncipe. 



Tonino. 

Precept. 

Tonino. 



Cartas estén equivocadas... Hasta saber de fijo en 
dónde estamos no me moveré de aquí. 
¿Pero estáis locos? Estos lugares están muy fre- 
cuentados por leñadores y cazadores furtivos, y 
hasta llegar a las tierras de mi marido no estáis 
seguros. 

¡Ah, mujer falsa! ¡Cómo adivino tus intenciones! 
¿Qué dices? 

No hagáis caso... Pero, señor Preceptor, ved que 
el Príncipe quiere aventurarse solo por esos an- 
durriales. 

Tú no debes dejarle. 
¡Ah! ¿Y vos? 

Yo desconfío de todo. Tan malo me parece este 
camino como el otro. Yo aquí os espero entre- 
gado a la lectura... El que primero llegue a po- 
blado será servido de enviarme aviso de cómo 
se encuentra... 

¡Pues sí que sois para sacar de apuros! 
Este camino me parece muy malo y esta mujer 
no me inspira confianza alguna. Sus ofrecimien- 
tos, su insistencia en llevarnos a su casa... sin 
conocernos... 

¡Lucidos estamos! El uno con sus libros de cien- 
cias, y el otro con sus cuentos, y yo muerto de 
hambre. 

Vamos..., que pronto se hará de noche... y yo he 
de volver a mi casa... Sabed que mi marido es el 
más principal señor en veinte leguas a la redon- 
da...; el más rico, el más poderoso. ¡Aunque me 
veáis vestida humildemente!... 
¡Oh! ¡Allí veo a la buena vieja, el hada benéfica!... 
No hay que dudar... Corro a su encuentro. Na 
me sigáis... Iré yo solo. 

¡Nada! ¡Y se marcha! ¡Gran cachaza la vuestra! 
¡La tuya! 

¿Que cuenta daremos a Sus Majestades de nues- 
tro Príncipe?... 



— 14 — 

Precept. ¿Qué cuenta darás tú? Yo sólo estoy encargado 

de su educación. 
Tonino. ¡Pues si os parece buena educación que tire por 

donde mejor íe parezca!... 
Phecept. Ya volverá, cuando el camino le parezca largo y 

trabajoso... 
Tonino. Sí; pero si antes le comen los lobos o le matan 

algunos bandoleros... 
Bella. Fué una locura dejarle partir. ¡Señor, señor! 
Tonino. Sí, echadle un galgo... Pues yo no le sigo... Lle- 
vadme a vuestra casa, que me muero de hambre 

y de sed... 
Bella. No os pesará. 
Tonino. Coma yo, y aunque vuestro marido sea un ogro 

y vos una ogra... 
Bella. ¿Qué locura decís? 
Tonino. Nada, nada. El hambre, que me hace desvariar... 

(Aparte.) Si quieren comerme me cebarán antes, 

para que esté más sabroso... ¿Os quedáis aquí? 
Precept. Sí. Aquí espero noticias vuestras. Iré con el que 

haya encontrado mejor acomodo. 
Tonino. ¿Pero no tenéis hambre? 
Precept. Yo no necesito más que alimento espiritual... 
Tonino. ¡Buen provecho! Vamos andando. 
Bella. Seguidme. 
Precept. No es posible que la Real Academia de Ciencias 

se haya equivocado. 

MUTACIÓN 

CUADRO TERCERO 

Una cabana. 

ESCENA I 

La VIEJA y el PRÍNCIPE. 



Vieja. Pasad adelante, noble caballero... Yo quisiera 
ofreceros más digno albergue...; pero soy tan po- 



— 15 — 



bre... Vivo aquí miserablemente desde hace cin- 
cuenta años. 

Príncipe. ¿Y tanto dura el encanto? 

Vieja.. ¿Qué encanto decís? ¿Os parece que sea un en- 

canto vivir de este modo? 

Príncipe. ¡Bah! ¿Queréis burlaros de mí?... Sabed que mi 
fortuna y la vuestra me trajeron aquí para des- 
encantaros. ¿Qué es preciso para ello? ¿Acuchi- 
llar dragones y gigantes? ¿Daros un beso? Tomad. 

Vieja. Gracias. Sois muy amable. 

Príncipe. ¡Ah! ¿No era así? ¿Qué es preciso hacer entonces? 

Vieja. ' ¡Pobre joven! Está loco. 

Príncipe. ¿Padecéis el maleficio de algún hada más pode- 
rosa que vos?,.. ¿De algún mago o genio del mal?... 

Vieja. No; yo no padezco nada más que mis años y mi 

pobreza... ¿Queréis comer algo? Puedo ofreceros 
higos y nueces. 

Príncipe. jQué ricos! 

Vieja. Tomad... Son todas mis provisiones. 

Príncipe. ¿Pero de veras no podéis decirme cómo seríais 
desencantada? No os burléis de mí. Soy el Prín- 
cipe Azul. 

Vieja. jPobrecillo! Me da mucha lástima... Tendréis 

frío, ¿verdad?... Voy a encender lumbre... Alcan- 
zadme aquel haz de leña. 

Príncipe. ¡Ah! Queréis obligarme a serviros... ¿He de so- 
meterme a esa prueba? 

Vieja. No es prueba ninguna. Si sois tan amable... Yo 

no tengo fuerzas... 

Príncipe. Podéis mandarme cuanto queráis... Yo sé que 
por fin habéis de congraciaros conmigo, y en- 
tonces os mostraréis en vuestra verdadera figu- 
ra, resplandeciente de hermosura..., y esta cabana 
se trocará en palacio maravilloso, y por vuestra 
mano me llevaréis a la princesa de mis sueños... 

Vieja. Sí, sí. Todo eso. (Le llevaremos el humor.) (Lia- 
man a la puerta.) 

Príncipe. ¿Quién llama? 



— 16 - 

Vieja. ¿Quién va? 

Leñad. i.° (Dentro.) Abrid, buena mujer. 
Vieja. Son leñadores... Pobre gente que anda estos 
montes a ganarse la vida. Entrad. 



ESCENA II 

Dichos y dos Leñadores. 

Leñad. 1.° Muy buenas tardes. 

Leñad. 2.° Salud. 

Príncipe. Entrad, buena gente. 

Leñad. 1.° ¿Quién es? 

Vieja. Un viajero que se perdió en el camino. Parece 

un loco. 
Leñad. 1.° Parece un gran señor. ¿Traerá dinero? 
Vieja. ¿Eh? Yo qué sé. 

Leñad. 2.° Pues debieras saberlo... Si así fuera... 
Vieja. ¿Qué pensáis? Alguna fechoría. 

Leñad. 1.° En la que tú nos ayudarás, como siempre. 
Vieja. No lo penséis... Este pobre niño saldrá vivo y 

salvo de mi casa... 
Leñad. 2.° Déjate de pamplinas, y danos de beber. 
Príncipe. ¿Qué vida lleváis?... Muy mala, por las trazas. 
Leñad. 1.° ¡Figuraos! Todo el día para acarrear una mala 

carga de leña. 
Leñad. 2.° Nunca debiera ser invierno para los pobres. 
Leñad. 1.° Pues yo aún le prefiero. ¿Qué me dices del 

verano? 
Leñad. 2.° Todo el año es malo para el que vive malamente. 
Príncipe. ¡Pobres hombres! Señora hada, debierais ser 

compasiva con ellos y repartirles de vuestros 

tesoros... 
Vieja. Ya veis que así lo hago. Este es todo mi tesoro : 

este vinillo añejo... ¿Queréis probarlo? 
Príncipe. Venga. No es malo. 
Leñad. 1.° ¡Ah! Esto da la vida. 
Leñad. 2.° Esto alegra. 






— 17 — 

Príncipe. Vaya, buena gente, tomad... 

Leñad. 1.° ¡Oro! 

Leñad. 2.° ¡Señor! 

Príncipe. Y para ti también..., para que te rías de mí... 

Vieja. Al contrario. Os quedo muy agradecida... ¿Cuán- 

do vi yo tanto dinero junto? 

Leñad. 1.° ¿No visteis? El bolsillo estaba lleno de oro... 

Leñad. 2.° Y aun ha de llevar más escondido. 

Leñad. 1.° Volveremos cuando duerma. 

Leñad. 2.° Eso es. 

Leñad. 1.° Afilaremos bien el hacha. 

Leñad. 2.° Es un niño. Bastará con las manos, o una buena 
soga al cuello. 

Vieja. Algo traman estos condenados. 

Leñad. 1.° Bueno. Ya bebimos y descansamos... Hay que 
llegar al pueblo antes de amanecer. 

Leñad. 2.° Buen viaje y salud... 

Príncipe. Salud, buena gente. 

Leñad. 1.° Volveremos. Procura que se acueste pronto y 
deja encendida una luz. 

Vieja. ¡Miserables! ¡No, no entraréis esta noche! 

Leñad. 2.° ¡Ay de ti mañana! Lo dicho. 

Leñad. 1.° Dormid bien. (Salen.) 



ESCENA III 

El PRÍNCIPE y la VIEJA. 

Príncipe. ¡Pobres hombres! ¡Triste vida la suya!... Tendrán 
familia..., hijos... 

Vieja. (¡Qué buen corazón! No, no puedo consentir...) 
Noble joven, salid de aquí pronto... No os deten- 
gáis un instante. 

Príncipe. ¿Qué ocurre? 

Vieja. No preguntéis... Creedme... ¡Si supierais!... 

Príncipe. ¿Qué? Nada me asusta... Sé que has de someter- 
me a muy duras pruebas... Todo he de arrostrar- 
lo... Yo sé que me espera la felicidad. 



— 18 — 

Vieja. ¡La muerte! ¡Desventurado joven!... ¡Salid..., salid 

pronto!... Yo os indicaré la senda por donde po- 
déis salir de estos bosques sin ser visto de nadie. 

Príncipe. ¡Bah! ¡Vengan gigantes y ñeros dragones!... ¡Ven- 
gan monstruos y trasgos!... ¡Levántense murallas 
de fuego!... 

Vieja. ¡Señor! No digáis locuras. Nada de eso será, ni 

hay que temerlo...; pero esos hombres, esos des- 
almados... Quieren robaros... Han visto que 
guardáis oro... Os matarán, como mataron a 
otros... Ved... Encienden la hoguera a que han de 
arrojar vuestro cuerpo para desfigurarle... Des- 
pués lo arrojarán a una sima, como a otros mu 
chos... Yo fui su cómplice muchas veces... ¡Soy 
una infame!... El miedo..., la miseria... Pero hoy 
no. Sois tan niño, tan bondadoso... Me dais com 
pasión, y quiero salvaros; pero no tardéis... ¡Huid 
huid; por vuestra madre!..., porque sois aún muy 
niño para tener otro amor en la tierra. 

Príncipe. No, no huyo. Aquí espero a esos hombres, sean 
hombres o monstruos. Nada me acobarda. 

Vieja. ¡Por mí! ¡Tened piedad de mí!... ¡Ved que si vuel 
ven y os defiendo también me matarán!... Tam- 
bién si no os encuentran... Dirán que los he enga- 
ñado. ¡Pero qué importa! Me dais mucha lástima. 

Príncipe. No, no saldré. Estoy seguro de que sólo queréis 
probar mi valor... Todo es preciso para conse-i 
guir a la princesa... 

Vieja. ¡Oh! ¡Qué locura! ¡Pobre niño! Ved que yo no soy 

un hada: soy una pobre vieja que se compadece] 
de ti y quiere salvarte... Ven... Saldremos juntos 
si quieres..., pero yo no podré andar... Nos darán 
alcance... 

Príncipe. Contigo sí... Si es verdad lo que dices... No pue 
do dejarte en mano de esos hombres... Pero y 
sé que me engañas... Vamos... Cuando no pueda 
andar, yo te llevaré en brazos. Soy fuerte y nad 
temo... 



19 



EJA. 
ÍNCIPE. 



EJA. 



INCIPE. 



Sí, sí... Nos salvaremos juntos. 

¿Pero dices verdad? ¿Tú no eres lo que pareces? 

¿Eres una pobre mujer nada más?... 

No, no. Vamos, vamos pronto... Cree lo que tú 

quieras..., cree... Sí, soy un hada; un hada buena 

que ha de salvarte... ¿Qué más da si te salvo? 

¡Bien sé que has de salvarme!... ¡Bien se que he 

de verte por fin, princesa mía! (Salen.) 



TELÓN 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



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ACTO SEGUNDO 



CUADRO PRIMERO 

La casa del Ogro. 

ESCENA I 

El OGRO, y después la BELLA y TONINO. 



Ogro. ¡Hola! ¿Que es esto? ¿No hay nadie aquí? ¿No 

come en esta casa? ¡Pécoras de mujeres! 

Bella. No grites. Ya estoy aquí 

Ogro. ¿Qué huésped es ése? 

Tonino. Servidor humilde. (Sí que no me da buena es 
na esa panza enorme. Ogro tenemos.) 

Bella. Es un viajero que estaba perdido a la entn 
del bosque del Infierno. Le acompañaban ot: 
dos señores, locos de remate, que allí se que 
ron. Éste me dijo que estaba muerto de haml 
y de cansancio, y le ofrecí nuestra casa. 

Ogro. ¡Hum! No me gusta esta gente que anda perd 

por los caminos. Por las trazas^ sois uno de e 
truhanes chocarreros que cantan y danzan ] 
los lugares para sacar los cuartos a los bob 
cones. 

Tonino. Soy algo más. Soy criado del Príncipe Azul. 



- 21 — 

ro. Su bufón, diréis. Bajo estado... 

:lla. ¿Y era el Príncipe el que os acompañaba? ¿Aquel 
jovencillo desventurado que echó por el bosque? 
¡Pobrecillo! ¿Qué habrá sido de él? 

niño. Habrá encontrado al hada buena. 
lla. Sí, sí. Con algunos malhechores. ¡Pobrecillo! 
■mo. Bueno, bueno. Sírveme la comida, y ese bergante 

que vaya a la caballeriza y allí le darás de las 
sobras- 
No seas tan ruin... Coma y beba a sus anchas; nos 
divertirá con canciones y chistes... 
Nunca me divirtieron esas cosas... Pero acomo- 
daos donde queráis y esperad a que hayamos 
comido. Sirve pronto. 
no. (¡Ay! ¡Qué suplicio! ¡Ver comer y no probar bo- 
cado! Preferiría que al Ogro le diera por engor- 
darme... ¿Si le habré parecido poco apetitoso?...) 
¡Señor! ¿No habéis reparado en mí?... Mi carne 
es de la mejor calidad... La pechuga es sabrosa, 
y mis brazos son como alones de pichón. 

>ro. ¿Qué me importa? ¿Estáis loco o borracho? 

)nino. (Nada, no hace aprecio de mí... Le gustarán sólo 
los niños tiernecitos... Verdad es que teniendo a 
mano tan bien provista mesa...) ¡Ah! ¡Qué aroma! 
Ese cochinillo me pierde. 

gro. ¿Huele bien, verdad? Os dejaré algún hueso. 

ella. (¡Pobrecillo! Le daré algo a escondidas.) 

onino. (Gracias, bella señora. Me dais la vida. ¡Ah! ¡Deli- 
cioso!) 

Bueno. ¿Es ésa toda vuestra gracia? Decidme algo 
chistoso. 
¡Ah!... 

oro. ¿Qué os sucede? 

onino. Nada, nada. 

gro. ¿Estáis tragando? 

onino. No, no... Eran ilusiones. (Bajo, a la Bella.) Un tra- 
güito, por piedad, que me ahogo. 

ella. No seáis cruel. Dejadle por lo menos que beba. 



- 22 — 

Ogro. Eso sí... Que beba. 

Bella. Tomad. 

Tonino. A la salud de tan noble señor. ¡Ah!... ¡Bueno es 
vinillo! 

Ogro. De mi cosecha. 

Tonino. Ya se ve que sois hombre rico. 

Ogro. Asómate a esas ventanas. Tu vista alcanzará has 

un monte lejano; pues hasta allí todo es mí 
Detrás de ese monte hay muchas más tierras 
hasta llegar a un río; pues hasta allí todas se 
mías. Detrás del río hay otras tantas tierras qi 
llegan hasta el mar; pues hasta el mar todo 
mío. 

Tonino. ¿Pero el mar no? ¡Qué lástima! 

Ogro. El mar no me serviría para nada. El mar es pa 

los locos y los navegantes, gente aventurera 
Yo soy un hombre práctico.., 

Tonino. Ya se ve que sí. 

Ogro. Vivo aquí más feliz que un rey. 

Tonino. Es posible... Nunca vi comer a un rey con te 
buen apetito... 

Ogro. Pues esto no es nada más que la merienda... Es 

mañana me almorcé una ternera asada... Y pa 
cenar... ¡Ah! Para cenar guardo el mejor bocad 

Tonino. (¡Huy! Ahora me mira. Se le habrá antojado gua 
darme para la cena.) Si vierais que con el cansa 
ció del viaje estoy tan poco presentable... 

Bella. Ya os aviaremos. 

Tonino. (¡Huy! Van a ponerme en salsa... Ésa será mi c 
ciñera.) ¿Habéis terminado? 

ESCENA II 

TONINO y el OGRO. 

Ogro. Sí, hombre, sí. ¿Tienes hambre? 

Tonino. Un poquillo. Yo no he almorzado una ternera. 

Ogro. Siéntate y come. Yo no soy un avaro. Pued 



Tonino. 
Ogro. 

Tonino. 
Ogro. 



Tonino. 



Est 
par 
é 



co 



a, 

é 



Ogro. 

Tonino. 

Ogro. 
Tonino. 

Ogro. 

Tonino, 

Ogro. 

Tonino. 

Ogro. 

Tonino. 



Ogro. 

Tonino. 

Ogro. 

Tonino. 

Ogro. 



— 23 — 

atracarte a tu gusto... Pero no vaya a darte un 
torozón. 

(¡Huy, cómo me cuida!...) 

Bebe, hombre, bebe. Alégrate..! Yo no me como 
a nadie, como habrás creído antes. 
No, no... 

Es que cuando tengo hambre me pongo de mal 
humor; pero en cuanto he comido soy el hom- 
bre más alegre. Bebe, hombre, bebe. 
(¡Malo! Quiere emborracharme... para echarme a 
la cacerola sin que me entere.) No, no, gracias. 
(¡Huy! Y este vino se me sube a la cabeza de un 
modo... Van a guisarme sin sentirlo.) Aunque sea 
mal preguntado: ¿van a ponerme unas patatitas? 
¡Oh! ¡Patatitas! ¡Comida de pobres!... Te pondre- 
mos trufas. 

(Como a un pavo.) ¿Y no teméis que se os indi- 
geste? 

Nunca he padecido indigestiones. 
(Pues como yo pueda...) 

(Canta) : «La vida es alegre, 

comer y beber...» 

¡Qué hermosa voz! 
¿Verdad que sí? 
(Le adularemos.) 

«La vida es alegre... » 

(Me parece que la ha cogido... Si se emborracha- 
ra y pudiera escaparme...) Vaya si tenéis buen 
humor. Al principio no lo parecía- 
Antes de comer estoy siempre malhumorado. 
Bebed, bebed... 
Y tú también... 
(¡Ay! Que me parece que caigo yo antes...) 

«La vida es alegre, 
comer y beber...» 



— 24 — 
Tonino. ¡Qué bonita canción!... 

«La vida es alegre...» 

Ogro. Me parece que el alegre eres tú... Así me gustas. 

Tonino. (Le gusto con vino...) 

Ogro. Vamos... Dime algo gracioso, bufón... 

Tonino. ¡Para gracias estoy yo ahora! ¡Tengo unas ganas 
de llorar!... ¡Ah! ¿Qué habrá sido de mi señor? 
(Por supuesto, lo que será de mí...) ¡Pobre Prín- 
cipe! 

Ogro. No; llorona, no. 

Tonino. (¡Pobre de mí! ¡Ah! ¡Qué idea!...) ¡Ay, ay!... 

Ogro. ¿Qué te pasa? 

Tonino. ¡Estoy envenenado! ¡Ah!... ¡Estoy envenenado!... 
¡Ese vino está envenenado!... ¡Tengo un perro ra- 
bioso dentro! ¡Ah! Rabio, muerdo. ¡Estoy enve- 
nenado! 

Ogro. Estás borracho... 

Tonino. No podéis comerme... Os haría daño... ¡Ay, ay!... 

Ogro. La indigestión... Yo no tengo nunca indiges- 

tión... ¡Ah!... 

Tonino. Se ha dormido... ¡Me he salvado!... La ogresa pa- 
rece buena mujer y me dejará escapar... ¡Cómo 
ronca!... ¿Por dónde puedo salir?... Pero antes 
conviene hacer provisiones... ¡Ajajá!... Con esto 
ya puede hacerse el camino... 



ESCENA III 

Dichos y la BELLA.. 

Bella. ¿Dónde vais?... 

Tonino. (¡Ah!... No hay escape...) Se ha dormido, y por no 

despertarle me iba a terminar de comer por allí 

dentro... 
Bella. ¿Dormido? Vaya... Ya tenemos la de un día sí y 

otro no... Luego se despierta con un humor que 

nos comería a todos... 



— 25 — 

Tonino. ¿Sí,*eh? Pues antes de que se despierte... 

Bella. Veré si puedo acostarle. ¡Eh! Vamos arriba. 

Ogro. ¿Eh? «La vida es alegre... » 

Bella. Vamos. Ayudadme a sostenerle... 

Tonino. No, no, gracias. No sea que vuelva en sí y me 
dedique la primera dentellada... 

Bella. ¡Ay! ¡Qué hombre! ¡Qué hombre! 

Príncipe. (Dentro.) ¡Ah de la casa! ¿No hay nadie? 

Tonino. ¿Qué oigo? ¡Mi señor! ¡El Príncipe! ¡No le ocurrió 
nada!... 

Príncipe. (Dentro.) ¡Abrid! ¡Ah de la casa! 

Bella. Voy, voy... Sostenedle entretanto... Hacedme el 
favor... (Sale.) 

Tonino. Yo debiera impedir que entrara el Príncipe... 
Cuando el Ogro le vea tan joven, tan tierno... 
¡Huy! ¡Y cómo pesa!.... Es claro: como una ternera 
y un cochinillo juntos, sin contar los entreme- 
ses... (Al ver entrar al Príncipe, corre a su encuen- 
tro y deja caer al Ogro.) ¡Señor!... ¡Señor!... Cata- 
plum! ¡Se desplomó la mole! 



ESCENA IV 

Dichos, el PRÍNCIPE, la VIEJA y el PRECEPTOR. 



Bella. 

Príncipe. 
Tonino. 



Príncipe. 



¿Pero no veis que habéis dejado caer a mi ma- 
rido? 

¡Oh, mi buen Tonino!... 

¡Señor, señor! ¿Qué ha sido de vos? ¿Cómo libras- 
teis de vuestra aventura? ¿Os condujo aquel mal 
camino a un palacio encantado? ¿Es ésta el hada 
que ha de protegeros? 

No sé, Tonino. Sé que escapamos por milagro dé 
unos bandoleros que querían asesinarme... Sé que 
debo la vida a esta buena mujer... Cuando íba- 
mos por el bosque, los bandidos nos divisaron 
desde lejos y corrieron en nuestra persecución.., 



26 



Vieja. 
Tonino. 
Principe. 
Vieja. 

Tonino. 



Precept. 



Tonino. 
Precept. 

Tonino. 



Vieja. 
Príncipe. 



Esta pobre vieja no podía andar ligera y tuve 
que tomarla en brazos... Yo corría entre los ma- 
torrales y los riscos, y aquellos desalmados siem- 
pre detrás amenazadores... Al llegar a un rastro- 
jo, no se les ocurrió cosa mejor que prenderle 
fuego, y como el viento soplaba en la dirección 
que llevábamos, pronto nos vimos amenazados 
como por un mar de fuego, que avanzaba en 
oleada terrible hacia nosotros... 
Nunca me saldrá el susto del cuerpo... 
¿Y cómo escapasteis? 
No lo sé. Yo aseguraría que volamos... 
Volar, no...; pero mucho corristeis a pesar de la 
carga... Sois fuerte y bravo... 
De modo que no hubo palacios, ni princesas, ni 
hadas... Ya decía yo. Aquel camino no podía lle- 
var a parte buena... Y a vos, señor Preceptor, 
¿cómo os ha ido? 

Yo estuve confrontando mis libros en todo ese 
tiempo... No era posible que la Carta estuviera 
equivocada... En efecto; el error era mío. Me 
pasó de una línea a otra, y claro está : lo que en 
la Carta es una pulgada, en el camino eran siete 
leguas... 

Es que la verdad, en los libros como en la vida, 
siempre está entre líneas. 

Cuando el Príncipe regresaba de su accidentada 
excursión... yo estaba dormido... Me desperta- 
ron... Esta vieja nos trajo a esta casa, donde ase- 
guró que nos darían de comer. 
Eso sí, se come muy regularmente... Pero, ¡ay!, 
que es para cobrarse con creces... Sabed que este 
es el castillo del Ogro... Yo ya estoy apalabrado 
para servirle de cena esta noche... Vosotros le ser- 
viréis para desayuno de mañana. 
¿Qué disparates decís? 

¡Ah! Esta es la prueba decisiva... Este es el ogro 
que tiene en su poder a la princesa... ¿He de ven- 



— 27 — 



Precept. 



Príncipe. 



Vieja. 
Tonino. 



Vieja. 



Príncipe. 



Precept. 

Tonino. 

Precept. 

Príncipe. 

Vieja. 
Precept. 
Tonino. 
Precept. 
Vieja . 



cerle, para desencantarle y llegar hasta ella?... 
Pues venga pronto, y yo solo con mi espada... 
Señor... No es bien sacar la espada contra quien 
nos abre así las puertas de su casa... Ved que eso 
de los ogros es pura fábula... Hay, sí, antropófa- 
gos..., esto es, hombres que se comen a los demás 
hombres..., de antropos, hombre, y fagos, comer; 
pero en regiones salvajes, no en países civiliza- 
dos como éstos... 

Tú que sabes. Mis libros dicen más verdad. ¿No 
es cierto, hada mía? ¿No estamos en el castillo 
del Ogro? 
Yo no sé de ogros. 

Él tiene traza de haber engullido mucho en este 
mundo. ¡Si vierais su panza! ¡La de hombres 
y mujeres y niños que debe de haberse tra- 
gado! 

Eso no; pero casas y pueblos enteros, sí... Ya 
visteis al llegar que todo es pobreza en los alre- 
dedores, y sólo las tierras y la casa de este hom- 
bre son ricas. Él arrambló con todo..., comprando 
aquí, prestando allá, arruinando a éste, engañan- 
do ai otro... Yo también fui una de sus víctimas... 
Por él me veo como me veo... 
¡Ah! ¿Es el culpable de tu encantamiento? No 
tardará en ser destruido.* Salid acá, señor Ogro, 
que el Príncipe Azul os espera! 
Tened juicio. 
Nos comerá a todos. 

Ved que estos ogros a la moderna no son como 
esos de los cuentos. 

Nada oigo, nada entiendo... Aquí ha de terminar 
la aventura... ¡Protegedme, hada mía! 
¡Detenedle, que ese hombre le matará! 
¿Qué haces que no defiendes a tu señor? 
¿Qué hacéis vos? 

A mí todo esto me parece un sueño. 
¿Oís? Corramos... Van a matarle... 



- 28 — 



ESCENA V 

Dichos. Salen el PRÍNCIPE corriendo sin espada, y detrás el OGRO con una tranca 
v la BELLA con una escoba. 



¡Ah! ¡Me ha vencido!. 



¡Bribón! ¡Tunante! ¡Amenazas a mí..., en mi casa!... 

Fuera!... ¡La- 



■• i 



Príncipe. 

Ogro. 

Bella. ¡Querer matar a mi marido! 
drones!... 

Vieja. ¡Teneos! 

Precept. Ved que es mi señor... 

Tonino. Ved que es el Príncipe... 

Ogro. He de matarle... 

Vieja. ¿No veis que está loco el pobre joven?... Tened 

compasión... 

Príncipe. Hada mía... Se rompió mi espada... Fué cosa de 
hechizo... Me ha molido a palos... 

Tonino. Y a escobazos. 

Bella. ¡Habráse visto el mocoso!... 

Ogro. ■ ¡Salgan, salgan pronto de mi casa!... Y agradezcan 
que salen vivos... 

Tonino. ¡Ah! Menos mal... 

Príncipe. Hada mía... ¿Qué es de tu poder? ¿Por qué no 
me salvas ahora como antes? 

Vieja. Ya salvas la vida... ¿Qué más quieres? No tarde- 
mos en salir de esta casa maldita. 

Ogro. ¿Qué dice esa vieja?... 

Vieja. ¡Sí, sí! ¡Maldita! ¡Maldita! 

Ogro. ¡Por vida!... 

Bella. Déjalos... Salgan pronto... 

Príncipe. Sí, saldremos... Pero yo volveré con todos los 
ejércitos del Rey mi padre si fuera preciso... Yo 
volveré para castigarte y vengar a todas sus víc- 
timas... 

Vieja. Eso no será malo. 

Ogro. ¡Pobre criatura! Llevadle a sus padres, o acabará 

mal si da en estos desatinos. 



— 29 — 

Tonino. No le impacientéis más. Salgamos. 

Príncipe. ¡Ay!... ¡No puedo más!... Me duelen las costillas. 

Precept. ¿Adonde iremos ahora? 

Vieja. Venid conmigo. Yo os guiaré a lugar donde seáis 
más afortunados. 

Príncipe. Ya sabía que era difícil el camino..., pero nada 
me importa... ¡Estaba tan seguro de que era el 
camino de la felicidad!... Llévanos donde quieras. 

mutación 

CUADRO SEGUNDO 

El palacio del rey Chuchurumbé. , 

ESCENA I 

Las tres Hijas del rey Chuchurumbé, con sus Pajecillos. 



Hija 3. a ¿No os aburrís mucho, hermanas? ¿En qué estáis 

pensando? 

Yo me divierto con mirar al cielo. 

Yo, con escuchar el ruido del mar. 

Yo miraba al camino, por si llegara alguien que 

pudiera divertirnos... ¿Qué haríamos para pasar 

la velada entretenida? 

Cantar. 

Decir versos. 

¡Qué tontería! 

En estas noches de verano no se puede trabajar 

con luz... 
Hija 2. a Además, el Rey nuestro padre dice que se gasta 

mucho mineral... 
Hija 1. a Si no, yo leería... 
Hija 2. a Yo bordaría... Pero no tenemos más luz que la 

de la Luna... 



Hija 1. a 


Hija 2. a 


Hija 3. a 


Hija 1. a 


Hija 2. a 


Hija 3. a 


Hija 1. a 



- 30 — 

Jugaremos al corro. Vamos, hermanas... 
¡Qué tontería! Juego de niñas... 
¡Pero es tan bonito!... No hay juego más bonito. 
Cantar todas al mismo tono y cogidas de las ma- 
nos... Como si nunca hubiéramos de soltarnos y 
siempre hubiera de cantar la misma canción in- 
fantil en nuestros corazones... . , 
Jugaremos, si os divierte... 

Sí, sí... ¿Qué cantaremos? 

Lo que menos sentido tenga. (Juegan al corro y 
cantan) : 

«Al alimón, al alimón, 
que se ha roto la fuente...» 

ESCENA II 

Dichas y el REY. 

¿Qué es esto? Nunca tendréis juicio. Así no os 

casaréis nunca... 

Yo no quiero casarme... 

Yo tampoco... 

Yo sí, yo' sí... 

¿Para qué quieres casarte?... 

Para lucir ricos trajes y joyas y tener carrozas 

de oro con caballos blancos y penachos de aves 

del Paraíso... 

¡Qué tontería! ¿Y si el marido es malo? 

¿Y si tienes muchos hijos y no tienes tiempo 

para componerte? 
Hija 3. a A los niños les pondré ayas. A mi marido le com- 
praré un coche de esos que andan solos, para 

que se entretenga... 
Rey. Sois unas locas, y así andáis en lenguas de todos. 

Ya sabéis lo que se dice de mí y de vosotras en 

todas partes.:. «Este era un rey que tenía tres 

hijas y las metió en tres botijas; las vistió de co- 

lorao y las echó por un tejao...> 



— 31 — 

fítJA 3. a ¿Qué gracioso sería el que lo dijo? ¿Por qué no 
le hicisteis ahorcar? 

Hija 2. a No es para matar a nadie. A mí me hace gracia.., 

Hija 3. a Nunca nos hemos vestido las tres lo mismo. 

Rey. Por no estar de acuerdo en nada. 

Hija 1. a Yo prefiero ir siempre de carmesí, que es color 
señorial, muy propio de prelados y dignatarios 
y de mujeres que llevan muy buen gobierno de 
su casa... 

Hija 2. a Yo, de verde, que es color de los campos y de 
los mares..., alegría y esperanza de todos... Que 
no debe uno pensar sólo para sí y para su casa. 

Hija 3. a Yo, el blanco, que es color de la nieve y toma el 
color de todas las luces y todos los reflejos... Más 
blanco a la luna, dorado al sol, rojo al fuego, 
azul a la orilla de los lagos, plateado al borde de 
las fuentes... 

Rey. Sois unas locas, y no podré casaros nunca y 

arruinaréis mi reino... 

Mirad, mirad... Por allí viene un galán caballero. 
Sí, sí... 

Será el Príncipe Azul, que ahora viaja por el 
mundo para instruirse... 
Para casarse... 
Para divertirse- 
Si fuera él, bien venido sea..., que el Rey su padre 
es mi amigo y aliado, y mucho me convendría 
casarle con una de mis hijas... Tened juicio y no 
hagáis cosa que pueda asustarle..., o por los ca- 
torce picos de mi corona, que acabaré por hacer 
con vosotras lo que dice el vulgo: os meteré en 
tres botijas... 

ESCENA III 

Dichos y el PRÍNCIPE. 

Príncipe. Salud, gran Rey. Salud, bellas Princesas, ¿No es 
éste el palacio de Chuchurumbé? 



Hija 3. a 


Hija 1. a 


Hija 2. a 


Hija 1. a 


Hija 3. a 


Rey. 



32 — 



Hija 3. a 
Rey. 



Príncipe. 
Rey. 



Príncipe. 
Rey. 



Hija 3. a 
Rey. 



Príncipe. 



Hija 1. a 
Hija 2. a 
Rey. 



(Que cuanto más se mira, menos se ve. Parece 
tonto.) 

(Ten prudencia y crianza...) Yo soy el rey Chuchu- 
rumbé, noventa y nueve duplicado de este nom- 
bre, que no quise prolongar la serie en tan mal 
número. Éste es mi palacio, y éstas son mis tres 
hijas. Y vos, amable joven, ¿quién sois? 
¿Conocéis este anillo? 

¿Sois el Príncipe Azul? Hijo de mi mejor ami- 
go... ¡Ah! No sabéis cuánto me alegro de veros y 
cuánto quiero a vuestro padre... Veinticinco años 
llevamos de estrecha amistad, y en ese tiempo 
sólo hemos tenido tres guerras, que yo he per- 
dido siempre. Podéis figuraros si tendré interés 
en evitar la cuarta... ¿Qué os parecen mis tres 
hijas? 

A cual más bella. 

¡Oh! La belleza es lo de menos... La educación 
la educación... Son mujeres de su palacio. Ellas 
cosen, ellas guisan... Harán feliz a un hombre; 
mejor dicho, a tres hombres..., porque las leyes 
no permiten que uno solo se case con las tres; y 
creed que yo celebraría que por vos pudieran 
alterarse las leyes. 
Dices muchos disparates, papá... 
(Calle la mocosa... Acabaréis por asustarle... De- 
jadme a mí, ya que, por desgracia, no tenéis ma- 
dre y tengo yo que hacer estos papeles...) 
Ya sé que sólo a una puedo elegir..., y será a la 
que yo amaba sin conocerla... Yo sé por mis 
libros que, de las hijas de los reyes, siempre la 
menor es la más bella y virtuosa... 
(¡Qué necio!) 
(¡Qué inocente!) 

(Guardad compostura.) SL Eso dicen los libros y 
los cuentos... Y... (le endosaremos la menor, que 
es la peor criada). Y así es... Esta es su mano. 0& 
lleváis la mejor perla de mi corona. 



- 33 - 

^ 2. a (No es feíllo..., y será un rey poderoso...) 

Reuniré a mis ministros para firmar los espon- 
sales... Mañana empezarán los regocijos con un 
gran besamanos... 

¿A eso le llamáis regocijo?... No hay nada más 
aburrido... 

¡Para nosotros! Pero a los cortesanos les divierte 
mucho. 

ESCENA IV 

Dichos, la VIEJA, TONINO y el PRECEPTOR. 

¿Qué gente es ésa? 
Es mi comitiva, señor. 
Extraño acompañamiento de un príncipe. 
Os escapasteis de la posada. Locos anduvimos 
hasta dar con vos. 

Vi el palacio de mi princesa, y emprendí yo solo 
el camino... Ya sabía yo que mi hada no tardaría 
en buscarme. He aquí el hada, Princesa, que me 
trajo hasta aquí. Saluda a mi esposa, a mi Prin- 
cesa... 

¡Cómo! ¿Estáis casado? 
No vi hacer matrimonio tan de prisa... 
Así leí que fueron siempre los casamientos de 
los príncipes. 

¡Pobre joven!... ¿Y conocíais a vuestra novia? 
De toda mi vida. Es la hija menor de un rey : la 
que es siempre bella y virtuosa... Tú lo sabes 
bien, hada mía... Ya ves que tocios los trabajos 
concluyeron. ¿A qué esperas para mostrarte en 
tu verdadera forma? 

¡Ay, ay! ¿A qué espero? A que tengas juicio. ¿Tú 
no sabes lo que se dice de estas hijas del Rey?... 
Tú no eres de estas tierras, y no las conoces- 
La menor es una tarasca. 
¿Aun quieres exponerme a otras pruebas? 



ÍC1PE. 



1N0. 



^ÍCIPE. 



JA. 

INO. 

"ÍCIPE, 



34 



Vieja. 

Príncipe. 
Vieja. 



Hija 1. a 
Hija 2. a 
Hija 3. a 
Vieja. 

Hija 3. a 
Hija 1. a 
Hija 2. a 

Vieja. 
Príncipe. 

Vieja. 

Hija 3. a 
Hija 1. a 
Hija 2. a 
Vieja. 
Príncipe. 
Vieja. 



Hija 3. a 
Hija 1. a 
Hija 2. a 
Vieja. 



¡i 



Príncipe. 



Hasta mis soledades llegó la fama de su falta 

juicio y de crianza. ¿Crees en mí? 

Siempre* 

Pues deja a mi cargo este asunto... ¡Ah, señoi 

Princesas!... Al entrar aquí oímos lamentarse 

vuestros criados... Tres lindos animales que er 

vuestro recreo se habían escapado de sus jaula 

¡Mi tití! 

¡Mi cotorra! 

¡Mi rata blanca! 

Los criados lloraban, porque temen ser casti 

dos muy duramente... 

Los haré matar. ¿Verdad, padre mío? 

Bastará con despedirlos. ¿No es eso? 

No. ¡Pobre gente!... Un animal no vale la pe 

de causar un dolor a nadie... 

¿Qué decís ahora? 

Mi princesa no tiene buen corazón... 

Esperad... Al entrar dejó caer unas moneda 

todo mi caudal... ¿Qué haré para recobrarlo? 

Id a buscarlas. 

Yo mandaré que las busquen los jardineros. 

¿Dónde cayeron? Venid conmigo, y yolas busca 

¿Qué os parece? 

No es mi Princesa la que tiene mejor corazón 

Esperad... El Príncipe trae tres regalos para 

Princesas... Una joya, un libro y una flor. Él 

sabe cuál ofrecer a cada una... Elegid vosot 

Yo la joya. 

Yo el libro. 

Yo la flor. 

La que eligió la joya piensa en parecer bie 

todos. La que eligió el libro piensa en paree 

bien a sí misma. La que eligió la flor, en que 

hermanas parezcan bien, porque piensan en 

demás y no en sí misma... ¿Qué dices ahora? 

Que ésta es mi Princesa, y tú el hada buena 

me enseñó a vivir. 



CCEPT. 

SINO. 

SCEPT. 

NCIPE, 



— 35 - 

ja. Por vieja, y no por hada. 

a 3. a ¿Consentiréis que así me desprecie? Debéis de- 
clarar la guerra al Rey su padre. 

No. La cuarta paliza, no. Yo me alegro de que tu 

hermana sea la preferida. Os lleváis la mejor 

perla de mi corona. 

Le sacaré los ojos. 

Calla, basilisco. Yo no quería deciros nada; pero 

los cuentos... son cuentos... 

Embustes, mentiras... No hay más verdad que la 

Ciencia. 

No hay más verdad que echarse a lo que salga. 

Vuestros padres llegan. 

¡Qué alegría! 

¡Oh! Mi excelente amigo... 

ESCENA ÚLTIMA 

Dichos, el REY y la REINA, 

¡Hijo mío 

Chuchurumbé, esos brazos- 
Estáis muy bien conservado. 
¿Cómo fué venir en mi busca? 
Supimos que andabas haciendo desatinos, y con 
lo puesto emprendimos el viaje. ¿Era así como 
cuidabais del Príncipe? 

Señor... El Príncipe es un carácter vehemente, 
imposible de gobernar. 

No hagáis caso... Ya veis que nada malo me ha 
sucedido. 

Tomaste los cuentos al pie de la letra, y creíste 
ver hadas, ogros y princesas de cuentos... Has 
estado a punto de perecer..., has podido casarte 
con una mujer insoportable... 
Diga usted, señora..., ¿qué es eso de insoporta- 
ble? El insoportable, el mal criado y el títere es 
su niño. ¡Monicaco! (Le saca la lengua.) 



[NA. 

Y. 

ÜCHUR. 

NCIPE. 

Y. 



!EPT, 



NCIPE. 



Reina. 
Rey. 

Príncipe. 



Tonino. 



. — 36 — 

¿Qué Princesa es ésta? 
¿Estás ya desengañado? ¿Aprendiste que la vi 
no es un cuento de hadas? 
No, al contrario. Vi realizados todos mis sueñ 
porque creía en ellos. Encontré almas buei 
como las buenas hadas; encontré hombres fe: 
ees como los ogros; encontré una princesa coi 
las princesas de los cuentos. Para esta bue 
vieja, que me salvó con su compasión y 
desengañó con su experiencia, te pido ricos £ 
lardones, porque fue mi hada buena. Para 
hombre feroz como los ogros que arruinan a 
pobres y llevan la miseria a todas partes con 
egoísmo, te pido justicia.,. Para mi Princesa, q 
si no es la menor de las hijas de un rey, coi 
en los cuentos, es la que mereció mi cariño, 
pido amor de padre... Ya ves que mi viaje no i 
tan desgraciado, ni pudo desengañarme de r 
ilusiones... Aprendí que todos llevamos un ha 
protectora a nuestro lado; que si la oímos sie 
pre, podemos hacer felices a cuantos nos rodé 
y serlo también nosotros... Aprendí que es p 
ciso soñar cosas bellas para realizar cosas b 
ñas... ¡Gloria a mis cuentos de hadas! ¡No malí 
ciré nunca de ellos! ¡Felices los que saben ha 
de la vida un bello cuento!... 
Queridos niños : un aplauso de vuestras mane 
tas es la mayor gloria para un poeta, porque s 
el porvenir,.. Sea el de vuestra vida, que es 
vida futura de nuestra España, como un cuer 
de hadas en que triunfa el bien siempre de toe 
los males..., y todos son felices como el Prínci 
Azul de éste cuento, queridos niños. 



TELÓN 



CATÁLOGO 



OBRAS ESTRENADAS Y PUBLICADAS 



D. Jacinto Benavente. 



El nido ajeno, comedia en tres actos. 

Gente conocida, comedia en cuatro actos. 

El marido de la Téllez, comedia en un acto. 

De alivio, monólogo. 

Don Juan, comedia en cinco actos. (Traducción.) 

La Farándula, comedia en dos actos. 

La comida de las fieras, comedia en cuatro actos. 

Cuento de amor, comedia en tres actos. 

Operación quirúrgica, comedia en un acto. 

Despedida cruel, comedia en un acto. 

La gata de Angora, comedia en cuatro actos. 

Por la herida, drama en un acto. 

Modas, sainete en un acto. 

Lo cursi, comedia en tres actos. 

Sin querer, boceto en un acto. 

Sacrificios, drama en tres actos. 

La Gobernadora, comedia en tres actos. 

Amor de amar, comedia en dos actos. 



El primo Román, comedia en tres actos. 
¡Libertad!, comedia en tres actos. (Traducción.) 
El tren de los maridos, comedia en dos actos. 
Alma triunfante, comedia en tres actos. 
El automóvil, comedia en dos actos. 
La noche del sábado, comedia en cinco cuadros. 
Los favoritos, comedia en un acto. 
El hombrecito, comedia en tres actos. 
Por qué se 'ama, comedia en un acto. 
Al natural, comedia en dos actos. 
La casa de la dicha, comedia en un acto. 
El dragón de fuego, drama en tres actos. 
Richelieu, drama en cinco actos. (Traducción.) 
Mademoiselle de Belle-Isle, comedia en cinco actos. (Traduc- 
ción.) 
La princesa Bebé, comedia en cuatro actos. 
«No fumadores», chascarrillo en un acto. 
Rosas de otoño, comedia en tres actos. 
Buena boda, comedia en tres actos. (Traducción.) 
El susto de la Condesa, diálogo. 
Cuento inmoral, monólogo. 
Manon Lescaut, drama en seis actos. 
Los malhechores del bien, comedia en dos actos. 
Las cigarras hormigas, juguete cómico en tres actos. 
El encanto de una hora, diálogo. 
Más fuerte que el amor, drama en cuatro actos. 
El amor asusta, comedia en un acto. 
Los Buhos, comedia en tres actos. 
La historia de Ótelo, boceto de comedia en un acto. 
Los ojos de los muertos, drama en tres actos. 
Abuela y nieta, diálogo. 

Los intereses creados, comedia de polichinelas en dos actos. 
Señora ama, comedia en tres actos. 
El marido de su viuda, comedia en un acto. 
La fuerza bruta, comedia en un acto y dos cuadros. 
Por las nubes, comedia en dos actos. 



La escuela de las princesas , comedia en tres actos. 

El Príncipe que todo lo aprendió en los libros, comedia en dos 
actos. 

Ganarse la vida, juguete en un acto. 

El nietecito, entremés. 

La señorita se aburre, comedia en un acto. 

La losa de los sueños, comedia en dos actos. 

La Malquerida, drama en tres actos. 

El Destino manda, drama en dos actos. 

El collar de estrellas, comedia en cuatro actos. 

La propia estimación, comedia en tres actos. 

Campo de armiño, comedia en tres actos. 

La túnica amarilla, leyenda china en tres actos. (Traducción.) 

La ciudad alegre y confiada, comedia en un prólogo y tres 
cuadros. (Segunda parte de Los intereses creados.) 

De pequeñas causas, boceto de comedia en un acto. 

El mal que nos hacen, comedia en tres actos. 

De cerca, comedia en un acto. 

Los cachorros, comedia en tres actos. 

Mefistófela, comedia-opereta en tres actos. 

La Inmaculada de los Dolores, novela escénica en cinco cua- 
dros. 

La ley de los hijos, comedia en tres actos. 

Por ser con todos leal, ser para todos traidor, drama en tres 
actos. 

La Vestal de Occidente, drama en cuatro actos. 

La honra de los hombres, comedia en dos actos. 

El Audaz, adaptación escénica en cinco actos. 

La Cenicienta, comedia de magia en un prólogo y tres actos. 

Una señora, novela escénica en tres actos. 

Una pobre mujer, drama en tres actos. 

Más allá de la muerte, drama en tres actos. 

Por qué se quitó Juan de la bebida, monólogo. 

Lecciones de buen amor, comedia en tres actos. 

Un par de botas, comedia en un acto. 

La otra honra, comedia en tres actos. 



La virtud sospechosa, comedia en tres actos. 

Nadie sabe lo que quiere o el bailarín y el trabajador, humo- 
rada en tres actos. 

Alfilerazos, comedia en tres actos. 

Los nuevos yernos, comedia en tres actos. 

La mariposa que voló sobre el mar, comedia en tres actos. 

El hijo de Polichinela, comedia en un prólogo y tres actos. 

La noche iluminada, comedia de magia en tres actos y en 
prosa. 

Y va de cuento, comedia en un prólogo y cuatro actos. 

El demonio fué antes ángel, comedia en tres actos. 

¡No quiero, no quiero!..., comedia en tres actos. 

Pepa Doncel, comedia en tres actos y dos cuadros. 

Para el cielo y los altares, drama en tres actos, divididos en 
trece cuadros, y un epilogo, y en prosa. 

ZARZUELAS 

Teatro feminista, un acto, música de Barbero. 
Viaje de instrucción, un acto, música de Vives. 
La Sobresalienta, un acto, música de Chapí. 
La copa encantada, un acto, música de Lleó. 
Todos somos unos, un acto, música de Lleó. 
La fuerza bruta, dos actos, música de Chaves. 



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Precio: 2 peseta: